Mi amigo Andoni Urkiaga acaba de publicar un muy interesante artículo en la página web del Día Internacional de la Música Country (http://www.icmday.org), que él mismo dirige, en el que aborda el tema de la internacionalización del género. Entendiendo el country como un fenómeno internacional, no únicamente circunscrito al ámbito musical de Estados Unidos, Canadá o Australia, Andoni ofrece un somero panorama de la situación del country a nivel global, descubriendo varios artistas desconocidos y dejando abierto un espacio para la esperanza en el futuro de la música country.
Por Antón García-Fernández, NashvilleAfortunadamente, quedan muy lejos los tiempos en los que conseguir discos de country en Europa era una tarea ardua. Hace tan solo diez años, la venta por correo era la única manera de ir construyendo poco a poco una discoteca country medianamente seria. En España, de hecho, muy pocas tiendas ofrecían este tipo de discos y las emisoras de radio ni por equivocación programaban artistas country, algo que, por otra parte, tampoco ha cambiado demasiado. Con la irrupción de internet, todo esto se ha visto un tanto modificado, y las posibilidades de acceder a material country son infinitamente mayores. Desde luego, quien no conoce la música vaquera --o cualquier otro tipo de género musical-- es porque no tiene interés en ello, pues opciones no faltan. Andoni revisa algunas de ellas en su artículo, haciéndonos viajar a lugares conocidos y a otros mucho más remotos, como Sudáfrica, la India o Sri Lanka, países donde también se cultiva el country.
Pero Andoni camina con cautela, preguntándose si verdaderamente hay alguien que se preocupa de utilizar y conocer todo este enorme caudal de información: "Hoy en día, todo lo que se necesita para escuchar la radio estadounidense o para ver un vídeo de Sudáfrica, la India o Italia es hacer click con el ratón. ¿Pero alguien lo hace?" A esta pregunta, que considero primordial, añadiría yo otra, no menos importante: si hay alguien que en verdad lo hace, ¿a qué tipo de country accede? Porque la apreciación que el público, tanto fuera como dentro de Estados Unidos, pueda tener acerca del country dependerá estrictamente de cómo lo definamos genéricamente.
Una de las mejores definiciones del género que he escuchado es la que ofrece Kris Kristofferson antes de iniciar "Me and Bobby McGee": "si suena country, eso es lo que es". Perogrullada parece, mas en realidad no lo es, pues se hace eco de lo difícil que resulta definir el country al tiempo que aboga por una concepción puramente personal de lo que es este estilo musical. El libre albedrío implícito en la definición de Kristofferson me atrae, pero no sirve para responder la pregunta anteriormente formulada. Y, sin embargo, no hay duda de que preguntarse a qué tipo de country accede el oyente equivale forzosamente a cuestionarse cuáles son los fundamentos que rigen el género y que lo separan de los demás géneros musicales. Si el country existe, es porque posee elementos que lo diferencian del rock, del jazz o de la bossa nova, por citar sólo tres, y por mucho que el country reciba influencias de otros estilos --como ha ocurrido desde siempre y continúa ocurriendo--, debe retener para subsistir como country rasgos diferenciales que lo alejen de otros géneros.

Kris Kristofferson: "Si suena country, eso es lo que es"
En varias ocasiones he tenido la oportunidad de charlar con gente que, con objeto de justificar la dirección que el country ha seguido a partir de finales de los 90 ("[c]uando Garth Brooks colgó sus botas vaqueras", como dice Andoni), me señala que, como todo estilo musical, el country debe evolucionar, y el actual country-pop que inunda Nashville no es más que una forma de evolución que se puede justificar históricamente. En esto estoy de acuerdo, y además puedo añadir que esta evolución no es algo nuevo, sino que ya en los años 60 y 70 tuvo lugar una evolución similar. Pero similar no significa exactamente igual, y en mi opinión, existen características que diferencian el country-pop actual y el de las décadas de los 60 y 70.
Para empezar, la irrupción del
Nashville Sound tuvo lugar en unas coordenadas históricas muy concretas, y estuvo determinada por una verdadera revolución musical que entró en dura batalla con el country y con todos los demás estilos ya establecidos: la revolución que supuso el rock'n'roll, virtual amenaza comercial para el country a finales de los años 50. Pero no conviene olvidar ciertos aspectos de gran importancia que muchas veces pasan desapercibidos. El rock'n'roll procedía tanto de la música afroamericana (blues, r&b, gospel) como de la música blanca (country, claro, pero también folk y gospel); incluso el pop contra el que se rebelaron muchos de los incipientes rockeros como música anticuada e insulsa para gente mayor tuvo una enorme influencia en el rock, y Elvis es uno de los mejores ejemplos de ello, aunque no el único. El rock, y en especial el rockabilly, proceden en parte del country, y si el
establishment de Nashville decidió acercarse al pop, fue únicamente como manera de combatir el descenso de ventas country que la llegada del rock trajo consigo. Pero no debemos olvidar que las grandes figuras de este sonido nashvilliano (Jim Reeves o Patsy Cline, por ejemplo) eran en realidad cantantes que habían iniciado sus carreras como artistas estrictamente country, y los temas más pop que grabaron y con los que obtuvieron mayor éxito todavía conservan características que los clasifican como grabaciones indudablemente country. No podemos decir lo mismo de las estrellas actuales, cuya adscripción al country tiene generalmente más que ver con la imagen (sombreros y botas vaqueros, por ejemplo) que con el verdadero sonido de su música. Muchos de los nuevos artistas desconocen la historia del género y no muestran el menor interés por conocerla más allá del sempiterno tópico. Y no hay duda de que es imposible apreciar toda aquella manifestación cultural cuya historia se desconoce por completo.

Jim Reeves, uno de los clásicos del Nashville Sound
Además, junto a los artistas más cercanos al country-pop, en los años 60 y 70 existía todavía dentro del mercado musical estadounidense un espacio reservado a cantantes con un sonido mucho más tradicional, cuyas grabaciones seguían teniendo una importante repercusión en las listas. No debemos olvidar que, pese a la espectacular irrupción de los Beatles en Estados Unidos en 1964, las ventas de artistas puramente country como Buck Owens, Merle Haggard o Porter Wagoner no decrecieron. Es más, los Beatles incluso grabaron el "Act Naturally" de Owens y lo citaron como una de sus influencias. Al mismo tiempo, el folk conoció en esta época un verdadero
revival que fomentó el interés en las viejas grabaciones de las
string bands y en el bluegrass como subgénero del country. Tampoco debemos olvidar que hacia finales de los 60, rockeros como Jerry Lee Lewis, Carl Perkins e incluso el propio Elvis buscaron refugio en el country con mayor o menor éxito. En 1968, el mismo año en que Jerry Lee regresó a las listas con "Another Place, Another Time", los Byrds editaron su disco más influido por el country, el clásico
Sweetheart of the Rodeo, presentando el estilo a toda una nueva generación que previamente no se había interesado en absoluto por él.
En los años 70, los cantantes country que abrazaron el pop más comercial convivían armónicamente con artistas cuyas propuestas musicales eran más tradicionales. ¿Quién podrá, pues, decir que las grabaciones country-pop de George Jones no rezuman country por todas las esquinas? ¿Es que Willie, Waylon, Paycheck y los demás
outlaws no son cantantes country a pesar de sus devaneos con el pop? ¿Alguien se atreve a dudar de la naturaleza country de las grabaciones de los 70 y 80 de Johnny Cash? ¿Desconoce Dolly Parton la historia y el legado del country a pesar de haber grabado temas claramente pop como "9 to 5" o "I Will Always Love You"? ¿Es que "Ruby Don't Take Your Love to Town" (escrita, por cierto, por Mel Tillis) o "The Gambler", de Kenny Rogers, no son canciones country? Todos estos cantantes --y muchos más que podría poner como ejemplos--, pese a sus escarceos con el pop, seguían teniendo respeto por el country porque es precisamente en este estilo donde se hallan sus raíces. En la actualidad, las raíces de las estrellas más laureadas de Nashville solamente pasan por el country de manera tangencial; así, mientras su imagen nos refiere al country (la vestimenta, el modo de hablar, por ejemplo), su sonido se halla notablemente alejado de él. A eso es a lo que conduce el desconocimiento de la historia del género y la falta de interés por la misma. En la Nashville de hoy en día existen cantantes que se ven desterrados de las listas y que ni siquieran tienen acceso a contratos discográficos por ser considerados artistas demasiado country. Esto supone, a mi modo de ver, una paradoja absoluta: ¿cómo es posible ser
demasiado country? ¿Ha sido alguien acusado de ser demasiado rock, demasiado jazz o demasiado blues? Tejas parece ser el refugio de esta menguada caterva de músicos... pero ¿durante cuánto tiempo van a tener que sufrir este exilio de la Ciudad de la Música? No parece haber respuesta tampoco a esta pregunta, ni parece que estos músicos deseen realmente regresar a Nashville, al menos no en las circunstancias actuales.

¿Quién puede dudar de la esencia country de las grabaciones de George y Tammy?
Así pues, el artículo de Andoni tiene, para mí, más de una lectura. Por un lado, es reconfortante averiguar que múltiples iniciativas relacionadas con el country están teniendo lugar en el plano internacional. Ello quiere decir que el interés por esta música continúa todavía vivo y que existe gente que aún pone su talento al servicio de la creatividad utilizando como vehículo el lenguaje country. Sin embargo, ¿cuál es la verdadera repercusión de estas iniciativas? ¿Quién tiene conocimiento de las mismas fuera del reducido ámbito en el que tienen lugar? Una rápida mirada a la situación actual de Nashville, la otrora Meca de la música country así reconocida alrededor del mundo, no nos permite lanzar fuegos de artificio en celebración de la salud del género. Es muy significativo que los mejores sellos discográficos de reediciones que se ocupan de editar material country se encuentren en el Viejo y no el Nuevo Continente. El country debería alimentarse de sus raíces para subsistir como género, pero en la actualidad Nashville, más que una tierra fructífera, es un campo yermo. Andoni se pregunta hacia el final de su concienzudo e iluminador artículo si los buenos tiempos para el country regresarán algún día. Si me lo preguntas a mí, amigo Andoni, mucho me temo que no tengo razones suficientes para ser optimista.