sábado, 27 de junio de 2009

Leyendas country centenarias I: Slim Bryant

Con este artículo sobre Slim Bryant, iniciamos la publicación de una serie de trabajos escritos a dúo con mi buen amigo Andoni Urkiaga y dedicados a leyendas de la música country que se acercan a los cien años de vida o que ya los han sobrepasado. Agradezco a Andoni el haber tenido una idea tan interesante: la mayor parte del artículo ha salido de su pluma, y yo me he limitado a revisarlo y añadir un poco más de información. Espero que Andoni tenga a bien continuar esta serie de textos que nos adentran en las carreras de algunos de los artistas menos conocidos pero más fascinantes de la historia del country.



SLIM BRYANT, EL PIONERO DEL COUNTRY EN PITTSBURGH
Por Andoni Urkiaga y Antón García-Fernández


Navegando por la red me he topado con la historia de Slim Bryant, uno de los artistas country más longevos, y sin duda uno de los más interesantes con esta avanzada edad.

Thomas Hoyt "Slim" Bryant nació el 7 de diciembre de 1908 en Atlanta, Georgia. Tiene, por tanto, el siglo cumplido y a lo largo de su carrera se distinguió como cantante, guitarrista y compositor. Creció escuchando a leyendas como Fiddlin' John Carson y Gid Tanner, y no tardó mucho en decidir que lo suyo era la música. Tras ocho años trabajando para el legendario fiddler de Georgia Clayton McMichen como parte de su banda de western swing, Slim se mudó a Pittsburgh en 1940, donde pronto se convirtió en precursor de la escena country de esa ciudad. Sus apariciones en la radio obtuvieron una enorme popularidad, y en 1949 creó el primer programa de televisión dedicado a la música country en Pittsburgh, un show de variedades en el que siempre aparecían invitados de gran notoriedad.



La curiosidad es que se cree que es el último músico superviviente de los que grabaron con Jimmie Rodgers, nada menos. Jimmie Rodgers murió en 1933, y un año antes de su fallecimiento grabó una canción de Slim titulada "Mother, The Queen of My Heart", con el propio Slim acompañándole a la guitarra. El tema, también registrado por Merle Haggard en su disco de tributo a Rodgers y por Jerry Lee Lewis en los años 70 para Mercury, sigue la tradición de las canciones country con moraleja y cuenta la dramática historia de un joven que, contra los deseos de su difunta madre, pierde todo su dinero jugando a las cartas. Además del importante hito de tocar junto a Jimmie Rodgers, Slim también ha compartido escenario con grandes nombres como Tex Ritter, Gene Autry, Rosemary Clooney y Burl Ives. Para Autry, que grabó su canción "If You'll Let Me Be Your Little Sweetheart", sólo tiene palabras elogiosas: "Era un hombre generoso y maravilloso. Llegué a conocerlo muy bien, y siempre que venía a Pittsburgh comíamos juntos en el centro".

Slim idolatraba al gran guitarrista Eddie Lang y al crooner Nick Lucas, que también tocaba la guitarra, lo cual explica que su música estuviese siempre muy influida por el jazz. Éste es un aspecto que lo distingue como un verdadero pionero que incorporó a sus grabaciones solos de guitarra muy jazzísticos y el ritmo conocido como sock, una forma de tocar la guitarra golpeando las cuerdas, mucho antes de que otros guitarristas country lo hicieran.



Con su grupo los Wildcats, un quinteto de magníficos músicos, escribió y grabó más de doscientas canciones, como "Eeny Meeny Dixie Deeny", lo más cerca que estuvo de tener un éxito en la lista de Billboard. Este tema también fue grabado por la banda de Zeke Manners, y a lo largo de los años muchas de sus composiciones fueron versionadas por otros artistas, en la mayor parte de los casos con mayor éxito comercial que su autor. "Nuestro grupo tocaba siempre a ritmo rápido", recuerda Bryant. "Hacíamos nuestros propios arreglos. En nuestra banda, todos cantaban. Hoy todavía toco mi guitarra Gibson de 1936, pero toco menos debido a la artritis". Algunas de sus canciones de temática western, como "Thunderstorm" o "My Saddle, My Bronco, and You" se han convertido ya en clásicos del country.

Si bien nunca ha alcanzado un número uno a nivel nacional y ni siquiera ha tenido la oportunidad de tocar en el Grand Ole Opry, Slim Bryant es, sin duda, parte de la historia de la música country. No en vano, el gran guitarrista Les Paul creció escuchando su música y fue uno de sus seguidores más acérrimos en su niñez.

A sus cien años, Bryant aún vive en Dormont, Pennsylvania. Bueno, le viene de familia: su madre vivió 104...

Slim Bryant y Merle Haggard, uno de los grandes del country que se vieron influidos por la música de Slim.

Enlaces

No dejéis de leer este magnífico artículo acerca de Slim Bryant titulado Slim Bryant Returning to Country Music with CD y publicado en el diario Pittsburgh Post-Gazette con motivo de la edición de un disco en el que Slim ha regrabado algunos de sus temas clásicos.

jueves, 19 de febrero de 2009

Human Condition: Gary Bennett rompe al fin su silencio

En esta ocasión, recupero aquí un artículo que escribí en agosto de 2006 para la página web de la CMA-Spain. Se trata de una crítica de Human Condition (Landslide Records, 2006), el primer disco en solitario de Gary Bennett, uno de los miembros originales de BR549. Es una obra madura y agradable en la que Bennett mezcla un sonido country fresco y actual con el rockabilly y el honky tonk más puros. Lo publico ahora para anunciar también que, tras un par de años sin prodigarse por los escenarios de Nashville, Gary Bennett ha iniciado una serie de conciertos en el Full Moon Saloon junto a su sobrino, el también cantautor country Jason Capps.


Por Antón García-Fernández, Nashville

Todo ocurrió de manera súbita a mediados de los años noventa en el centro histórico de Nashville. Era un momento en el que clubes legendarios del Lower Broadway como Tootsie's o Robert's Western World estaban de capa caída: lo que unas cuantas décadas atrás había sido un distrito en plena ebullición creativa country se había convertido en unos años en poco menos que territorio baldío. El cierre del Ryman Auditorium, por supuesto, había contribuido al alejamiento de los miles de turistas que semanalmente se daban cita en los alrededores de Broadway para asistir al Grand Ole Opry, y así, la zona había quedado prácticamente desierta. Aunque la situación del Lower Broadway y del country tradicional era entonces muy poco esperanzadora, Gary Bennett—nacido en 1964 en Las Vegas—fue presa de una repentina intuición nada más llegar a Nashville allá por 1993: "La escena [de los honky tonks del centro de la ciudad] estaba acabada, pero me pareció que todavía había una posibilidad de que algo ocurriese allí". Y lo que ocurrió fue BR549, una banda que en poco tiempo pasó de tocar en Robert's por propinas a aparecer en la portada de la revista Billboard, todo ello sin contar todavía con un contrato de grabación.

BR549 fue producto de la unión artística de Bennett y Chuck Mead, dos músicos que se entendían a la perfección y que conocían en profundidad la tradición del honky tonk y el rockabilly, además de poseer una impresionante habilidad para componer temas propios que sonaban como si tuviesen cuarenta o cincuenta años. En un momento en el que el country clásico ya casi no tenía cabida en la programación de las emisoras country de Nashville, los cinco discos que BR549 editaron mientras Bennett formó parte de la banda supusieron un innegable soplo de aire fresco para el country de raíces. La popularidad del grupo creció con enorme celeridad, y de hecho, el gran cartel que se encuentra a la entrada del Robert's Western World todavía recuerda a turistas y clientes que el club fue el lugar en el que nacieron BR549.



En 1996, la revista Rolling Stone nombró a la banda mejor grupo country del año, lo cual les granjeó largas giras, ventas nada despreciables y la oportunidad de compartir cartel con artistas de la talla de Bob Dylan, George Jones o Merle Haggard. Pero varios años de trabajo a un ritmo desenfrenado, junto con el sambenito retro que los medios acabaron por colgar al conjunto, agotaron a Bennett, que empezó a sentir coartada su libertad creativa. Así pues, en 2002 decidió abandonar BR549, retirándose momentáneamente del mundo de la música. Cuatro años han pasado desde entonces, y por fin Gary Bennett ha roto su silencio creativo, regalándonos Human Condition, un sólido disco en solitario en el que no se limita a reproducir el sonido de BR549, sino que trata de ir más allá, compaginando lo clásico con lo actual.

En Human Condition, Bennett demuestra su gran talento como compositor: de las doce canciones incluidas en el disco, sólo tres no son de su autoría. Una de ellas, "Better Than This", la compuso junto a Todd Snider, y para escribir la letra se inspiró en su propia infancia, que discurrió en su mayor parte entre las montañas del estado de Washington: "Cuando empecé a escribir la letra [de "Better Than This"] me acordé del pueblecito de Washington en el que crecí, que estaba al pie de una montaña. Por la noche se adivinaba el resplandor de muchas luces en la distancia, lo cual era en realidad la ciudad de Portland, Oregón. Todd vivía en Portland en esa época, así que podía identificarse con lo que yo estaba viendo". El disco está lleno de buenas canciones, como "Human Condition", "Things That Mean a Lot to Me", "Steel Ball", "Ship in a Bottle" o "What Turned Out to Be", algunas de ellas marcadas por un tempo suave y agradable con el que Bennett se distancia de la desbordada energía de los tiempos de BR549. Curiosamente, el tema más marcadamente hillbilly, "That's What I'm Here For", y el que, por tanto, más recuerda al sonido clásico de BR549, es uno de los pocos que no ha escrito Bennett.



Uno de los atractivos añadidos del disco es la banda que acompaña a Bennett, en la que se dan cita algunos de los mejores músicos de Nashville, como Kenny Vaughan (guitarra), Mark Winchester (bajo) o Jimmy Lester (batería). La mayor sorpresa la constituye la presencia del gran steel Lloyd Green, conocido por su magnífico trabajo junto a Johnny Paycheck en los años sesenta, cuando ambos grababan para el sello Little Darlin', así como por sus imaginativos álbumes instrumentales. En Human Condition demuestra que continúa en muy buena forma. Marty Stuart también acompaña a Bennett a la mandolina en algunas de las canciones, embelleciendo con su presencia el sonido de una banda excelente y de un disco de gran calidad.

miércoles, 16 de julio de 2008

Ciertas apreciaciones sobre la internacionalización del country en la era de internet

Mi amigo Andoni Urkiaga acaba de publicar un muy interesante artículo en la página web del Día Internacional de la Música Country (http://www.icmday.org), que él mismo dirige, en el que aborda el tema de la internacionalización del género. Entendiendo el country como un fenómeno internacional, no únicamente circunscrito al ámbito musical de Estados Unidos, Canadá o Australia, Andoni ofrece un somero panorama de la situación del country a nivel global, descubriendo varios artistas desconocidos y dejando abierto un espacio para la esperanza en el futuro de la música country.

Por Antón García-Fernández, Nashville

Afortunadamente, quedan muy lejos los tiempos en los que conseguir discos de country en Europa era una tarea ardua. Hace tan solo diez años, la venta por correo era la única manera de ir construyendo poco a poco una discoteca country medianamente seria. En España, de hecho, muy pocas tiendas ofrecían este tipo de discos y las emisoras de radio ni por equivocación programaban artistas country, algo que, por otra parte, tampoco ha cambiado demasiado. Con la irrupción de internet, todo esto se ha visto un tanto modificado, y las posibilidades de acceder a material country son infinitamente mayores. Desde luego, quien no conoce la música vaquera --o cualquier otro tipo de género musical-- es porque no tiene interés en ello, pues opciones no faltan. Andoni revisa algunas de ellas en su artículo, haciéndonos viajar a lugares conocidos y a otros mucho más remotos, como Sudáfrica, la India o Sri Lanka, países donde también se cultiva el country.

Pero Andoni camina con cautela, preguntándose si verdaderamente hay alguien que se preocupa de utilizar y conocer todo este enorme caudal de información: "Hoy en día, todo lo que se necesita para escuchar la radio estadounidense o para ver un vídeo de Sudáfrica, la India o Italia es hacer click con el ratón. ¿Pero alguien lo hace?" A esta pregunta, que considero primordial, añadiría yo otra, no menos importante: si hay alguien que en verdad lo hace, ¿a qué tipo de country accede? Porque la apreciación que el público, tanto fuera como dentro de Estados Unidos, pueda tener acerca del country dependerá estrictamente de cómo lo definamos genéricamente.

Una de las mejores definiciones del género que he escuchado es la que ofrece Kris Kristofferson antes de iniciar "Me and Bobby McGee": "si suena country, eso es lo que es". Perogrullada parece, mas en realidad no lo es, pues se hace eco de lo difícil que resulta definir el country al tiempo que aboga por una concepción puramente personal de lo que es este estilo musical. El libre albedrío implícito en la definición de Kristofferson me atrae, pero no sirve para responder la pregunta anteriormente formulada. Y, sin embargo, no hay duda de que preguntarse a qué tipo de country accede el oyente equivale forzosamente a cuestionarse cuáles son los fundamentos que rigen el género y que lo separan de los demás géneros musicales. Si el country existe, es porque posee elementos que lo diferencian del rock, del jazz o de la bossa nova, por citar sólo tres, y por mucho que el country reciba influencias de otros estilos --como ha ocurrido desde siempre y continúa ocurriendo--, debe retener para subsistir como country rasgos diferenciales que lo alejen de otros géneros.

Kris Kristofferson: "Si suena country, eso es lo que es"

En varias ocasiones he tenido la oportunidad de charlar con gente que, con objeto de justificar la dirección que el country ha seguido a partir de finales de los 90 ("[c]uando Garth Brooks colgó sus botas vaqueras", como dice Andoni), me señala que, como todo estilo musical, el country debe evolucionar, y el actual country-pop que inunda Nashville no es más que una forma de evolución que se puede justificar históricamente. En esto estoy de acuerdo, y además puedo añadir que esta evolución no es algo nuevo, sino que ya en los años 60 y 70 tuvo lugar una evolución similar. Pero similar no significa exactamente igual, y en mi opinión, existen características que diferencian el country-pop actual y el de las décadas de los 60 y 70.

Para empezar, la irrupción del Nashville Sound tuvo lugar en unas coordenadas históricas muy concretas, y estuvo determinada por una verdadera revolución musical que entró en dura batalla con el country y con todos los demás estilos ya establecidos: la revolución que supuso el rock'n'roll, virtual amenaza comercial para el country a finales de los años 50. Pero no conviene olvidar ciertos aspectos de gran importancia que muchas veces pasan desapercibidos. El rock'n'roll procedía tanto de la música afroamericana (blues, r&b, gospel) como de la música blanca (country, claro, pero también folk y gospel); incluso el pop contra el que se rebelaron muchos de los incipientes rockeros como música anticuada e insulsa para gente mayor tuvo una enorme influencia en el rock, y Elvis es uno de los mejores ejemplos de ello, aunque no el único. El rock, y en especial el rockabilly, proceden en parte del country, y si el establishment de Nashville decidió acercarse al pop, fue únicamente como manera de combatir el descenso de ventas country que la llegada del rock trajo consigo. Pero no debemos olvidar que las grandes figuras de este sonido nashvilliano (Jim Reeves o Patsy Cline, por ejemplo) eran en realidad cantantes que habían iniciado sus carreras como artistas estrictamente country, y los temas más pop que grabaron y con los que obtuvieron mayor éxito todavía conservan características que los clasifican como grabaciones indudablemente country. No podemos decir lo mismo de las estrellas actuales, cuya adscripción al country tiene generalmente más que ver con la imagen (sombreros y botas vaqueros, por ejemplo) que con el verdadero sonido de su música. Muchos de los nuevos artistas desconocen la historia del género y no muestran el menor interés por conocerla más allá del sempiterno tópico. Y no hay duda de que es imposible apreciar toda aquella manifestación cultural cuya historia se desconoce por completo.

Jim Reeves, uno de los clásicos del Nashville Sound

Además, junto a los artistas más cercanos al country-pop, en los años 60 y 70 existía todavía dentro del mercado musical estadounidense un espacio reservado a cantantes con un sonido mucho más tradicional, cuyas grabaciones seguían teniendo una importante repercusión en las listas. No debemos olvidar que, pese a la espectacular irrupción de los Beatles en Estados Unidos en 1964, las ventas de artistas puramente country como Buck Owens, Merle Haggard o Porter Wagoner no decrecieron. Es más, los Beatles incluso grabaron el "Act Naturally" de Owens y lo citaron como una de sus influencias. Al mismo tiempo, el folk conoció en esta época un verdadero revival que fomentó el interés en las viejas grabaciones de las string bands y en el bluegrass como subgénero del country. Tampoco debemos olvidar que hacia finales de los 60, rockeros como Jerry Lee Lewis, Carl Perkins e incluso el propio Elvis buscaron refugio en el country con mayor o menor éxito. En 1968, el mismo año en que Jerry Lee regresó a las listas con "Another Place, Another Time", los Byrds editaron su disco más influido por el country, el clásico Sweetheart of the Rodeo, presentando el estilo a toda una nueva generación que previamente no se había interesado en absoluto por él.

En los años 70, los cantantes country que abrazaron el pop más comercial convivían armónicamente con artistas cuyas propuestas musicales eran más tradicionales. ¿Quién podrá, pues, decir que las grabaciones country-pop de George Jones no rezuman country por todas las esquinas? ¿Es que Willie, Waylon, Paycheck y los demás outlaws no son cantantes country a pesar de sus devaneos con el pop? ¿Alguien se atreve a dudar de la naturaleza country de las grabaciones de los 70 y 80 de Johnny Cash? ¿Desconoce Dolly Parton la historia y el legado del country a pesar de haber grabado temas claramente pop como "9 to 5" o "I Will Always Love You"? ¿Es que "Ruby Don't Take Your Love to Town" (escrita, por cierto, por Mel Tillis) o "The Gambler", de Kenny Rogers, no son canciones country? Todos estos cantantes --y muchos más que podría poner como ejemplos--, pese a sus escarceos con el pop, seguían teniendo respeto por el country porque es precisamente en este estilo donde se hallan sus raíces. En la actualidad, las raíces de las estrellas más laureadas de Nashville solamente pasan por el country de manera tangencial; así, mientras su imagen nos refiere al country (la vestimenta, el modo de hablar, por ejemplo), su sonido se halla notablemente alejado de él. A eso es a lo que conduce el desconocimiento de la historia del género y la falta de interés por la misma. En la Nashville de hoy en día existen cantantes que se ven desterrados de las listas y que ni siquieran tienen acceso a contratos discográficos por ser considerados artistas demasiado country. Esto supone, a mi modo de ver, una paradoja absoluta: ¿cómo es posible ser demasiado country? ¿Ha sido alguien acusado de ser demasiado rock, demasiado jazz o demasiado blues? Tejas parece ser el refugio de esta menguada caterva de músicos... pero ¿durante cuánto tiempo van a tener que sufrir este exilio de la Ciudad de la Música? No parece haber respuesta tampoco a esta pregunta, ni parece que estos músicos deseen realmente regresar a Nashville, al menos no en las circunstancias actuales.

¿Quién puede dudar de la esencia country de las grabaciones de George y Tammy?

Así pues, el artículo de Andoni tiene, para mí, más de una lectura. Por un lado, es reconfortante averiguar que múltiples iniciativas relacionadas con el country están teniendo lugar en el plano internacional. Ello quiere decir que el interés por esta música continúa todavía vivo y que existe gente que aún pone su talento al servicio de la creatividad utilizando como vehículo el lenguaje country. Sin embargo, ¿cuál es la verdadera repercusión de estas iniciativas? ¿Quién tiene conocimiento de las mismas fuera del reducido ámbito en el que tienen lugar? Una rápida mirada a la situación actual de Nashville, la otrora Meca de la música country así reconocida alrededor del mundo, no nos permite lanzar fuegos de artificio en celebración de la salud del género. Es muy significativo que los mejores sellos discográficos de reediciones que se ocupan de editar material country se encuentren en el Viejo y no el Nuevo Continente. El country debería alimentarse de sus raíces para subsistir como género, pero en la actualidad Nashville, más que una tierra fructífera, es un campo yermo. Andoni se pregunta hacia el final de su concienzudo e iluminador artículo si los buenos tiempos para el country regresarán algún día. Si me lo preguntas a mí, amigo Andoni, mucho me temo que no tengo razones suficientes para ser optimista.

viernes, 4 de julio de 2008

John England & The Western Swingers: Open That Gate

Después de sus dos excelentes primeros discos, Swinging Broadway (2003) y Thanks a Lot (2004), este último compuesto por versiones de temas de Ernest Tubb en clave de western swing, John England y sus Western Swingers regresan desde Nashville con un fantástico nuevo CD, Open That Gate (Lickety Split Records 2008), en el que demuestran que el legado de Bob Wills, Hank Penny y tantos otros goza de muy buena salud en el nuevo milenio.


Por Antón García-Fernández, Nashville

Si comparamos este nuevo trabajo de John England & His Western Swingers con los dos precedentes, hay dos aspectos que nos llaman la atención. Por un lado, la banda ha ganado en experiencia y su sonido es más compacto y pulido. Por otro lado, el grupo demuestra también una mayor madurez compositiva: el disco solamente cuenta con tres versiones; el resto son canciones escritas por miembros de la banda, en especial el propio John England (guitarra, voz), Gene "Pappy" Merritts (violín, voz), Neil Stretcher (piano, voz) y Tommy Hannum (steel guitar, voz). Los únicos Western Swingers que no contribuyen con una composición propia al disco son David Spicher (bajo, voz), que, sin embargo, canta y lidera el grupo en dos de los cortes, y Walter Hartman (batería), cuyo magnífico trabajo a los tambores nos regala un swing sólido y siempre en su justo punto. Además de todo esto, la presentación del disco está mucho más trabajada y es más atractiva que la de los dos anteriores.

John England (en la foto inferior), cuya banda actúa todos los lunes por la noche en Robert's Western World en el centro de Nashville, describe su música como un ritmo "divertido y alegre", dos adjetivos absolutamente necesarios al hablar de western swing. Desde su nacimiento hacia mediados de la década de los años 30, el western swing ha sido principalmente música de baile, un estilo aparentemente sencillo sin mayores pretensiones que divertir al oyente y hacerle bailar y olvidar las preocupaciones de una dura semana de trabajo. Sin embargo, desde siempre, muchos de los mejores instrumentistas del country proceden de este género que mezcla a partes iguales country, jazz, blues y pop, lo cual quiere decir que la simplicidad del western swing es sólo algo aparente. John England y sus Western Swingers son el perfecto ejemplo contemporáneo de esto: una banda compuesta por magníficos instrumentistas que disfrutan en el escenario y hacen disfrutar al público. Y en Open That Gate confluyen a la perfección todos estos elementos.

John England

El disco se inicia con un breve solo de batería de Hartman que introduce "Open That Gate", canción compuesta por el propio John England en la más pura tradición de clásicos como "Oh Monah" o "Sleepy-Eyed John". Es un tema divertido, con el típico esquema de call-and-response que podemos hallar en incontables grabaciones de Bob Wills y otras leyendas de este estilo de country. Este primer corte da título al álbum a la vez que ejemplifica lo que los Western Swingers han querido crear en él: western swing contemporáneo que demuestra un profundo respeto por las raíces del género. Como England afirma, en este disco "es difícil distinguir los standards de las canciones originales", pues las nuevas composiciones están fuertemente inspiradas por las fuentes clásicas en las que beben los miembros de la banda.

El CD demuestra la enorme versatilidad de los Western Swingers como vocalistas, instrumentistas y compositores. England firma dos excepcionales piezas instrumentales, "Neely's Bend Quick Step" y "Big Boy Strut", que delatan su afición por el jazz clásico, influencia inexcusable del western swing de calidad. "Right There With Me", otra de las nuevas composiciones del líder del grupo, destila todo el sabor de los temas clásicos del género, con una letra alegre y un ritmo pegadizo, algo que comparte con "The Closer I Get", escrita a dúo por England y el steel guitar Tommy Hannum (en la foto inferior). Este último, cuya steel puede escucharse en grabaciones de estrellas como Tammy Wynette, Steve Earle o Mary Chapin Carpenter, prueba en este disco que posee un gran talento como compositor con dos canciones muy diferentes. "Old Town" es un tema con un swing muy suave, interpretado con mucho gusto por Hannum. "She's Comin' Home With Me", por su parte, es puro honky-tonk, con una letra divertida e inteligente en la que Hannum incluso cita los nombres de cantantes clásicos como Ernest Tubb, Mel Tillis o Ray Price.

Tommy Hannum

Y precisamente a Ray Price nos remite "One More Time", una de las canciones escritas por el pianista Neil Stretcher. Su sonido evoca toda la clase de las mejores baladas del gran honky-tonker tejano. Stretcher es también autor de "Brownsville", un magnífico shuffle ornamentado con una perfecta conjunción de violín y steel. El bajista David Spicher, único miembro de los Western Swingers que no ha escrito ningún tema para el disco, se encarga de dar su toque personal a dos composiciones clásicas que conjugan western swing y jazz de pura cepa. Spicher añade tonos rockeros al standard de Bob Wills "Bring It On Down" (grabado por innumerables artistas country a lo largo de las décadas), y se encarga también de cerrar el CD con "Yes, Sir", un tema de ritmo endiablado que recuerda inevitablemente a Fats Waller puesto que su autor es Andy Razaf, letrista de varias melodías de Waller.

Pero el veterano violinista Gene "Pappy" Merritts (en la foto inferior), que a lo largo de su dilatada carrera ha colaborado con grandes del country como Bill Monroe o Benny Martin, es el responsable de una de las canciones más notables del disco, "Waltz for Sue Ann", un hermoso vals dedicado a su esposa que compuso en un principio como un tema instrumental pero para el que posteriormente escribió una letra deliciosa. La voz de "Pappy", que rezuma esa autenticidad de quien ha dedicado su vida al country más añejo, también brilla en la versión del clásico de Floyd Tillman ""I'll Keep On Loving You".

Gene "Pappy" Merritts

En definitiva, Open That Gate es un disco casi único en la actual escena de Nashville, dominada por el country-pop más comercial y aséptico. En este nuevo trabajo, John England y sus Western Swingers capturan todo el dinamismo y toda la diversión de cualquiera de sus actuaciones en vivo. Y a lo largo de casi cuarenta minutos de excelentes canciones nos recuerdan que, a pesar del paso del tiempo, aún hay cosas que no cambian, y el western swing sigue siendo un sonido que invita a bailar y a disfrutar de la buena música.

Enlaces

Para más información sobre John England & The Western Swingers, ver también:

Página Oficial de los Western Swingers

Página en MySpace de los Western Swingers

jueves, 26 de julio de 2007

Una noche con James Hand

Un muy acertado artículo sobre James Hand publicado en la página web de la CMA española (http://www.cmaspain.com/) me ha decidido a compartir con todos vosotros una serie de impresiones sobre Hand que recabé durante una noche que tuve la oportunidad de vivir con él y unos amigos en Nashville hace tan sólo unos meses.

Por Antón García-Fernández, Vigo

Ocurrió la noche de un sábado de abril, poco más de un mes antes de que yo regresase a Vigo a pasar mis vacaciones de verano como todos los años. Siempre que hay un concierto interesante en el Midnite Jamboree la medianoche de los sábados, tres amigos --Ike, Mike y Scott-- y yo solemos ir hasta el Texas Troubadour Theater, situado en la Ernest Tubb Record Shop 2, en Music Valley Drive, a las afueras de Nashville, para asistir al Jamboree. Además de liderar sendas bandas country en el Lower Broadway nashvilliano, Ike y Scott trabajan en la legendaria tienda de discos, y esa noche, Scott iba a ocupar el puesto de contrabajista en el grupo que acompañaba a James Hand. Por tanto, cuando aparcamos la furgoneta de Ike en la parte trasera del pequeño teatro desde el que se retransmite el programa, Scott ya estaba allí, compartiendo una jarra de moonshine con Hand antes de iniciar el concierto.

No era ésa la primera vez que veía a Hand, pero nunca antes había tenido la ocasión de charlar con él. Es un hombre de importante envergadura, con las marcas de una vida dura y del paso del tiempo evidentes en las arrugas de su rostro. Según él mismo comentó, había llegado en avión a Nashville solamente con una pequeña maleta y con su guitarra, pues últimamente no viaja con banda, sino que suele reclutar a músicos locales cuando va a dar un concierto en alguna ciudad. Su actuación en el Jamboree fue absolutamente impecable, con esa voz sinuosa y sabia, endurecida por el alcohol y los años, desgranando las letras de maravillas como "On the Corner, at the Table, by the Jukebox", "Baby, Baby, Don't Tell Me That" o "When You Stopped Loving Me, So Did I". Retazos de la propia experiencia vital de Hand hechos honky tonk del bueno. Country clásico grabado hace poco más de un año pero que lleva toda una vida componer. Amor, dolor y sabiduría country.

Al terminar el concierto, y tras la tradicional sesión de firma de autógrafos que sigue a toda actuación en el Jamboree, Hand nos invitó a subir a su habitación del motel en el que pasaría la noche y que estaba situado no muy lejos del teatro. Allí nos reunimos con él Ike, Mike, Scott y yo, junto con una chica que era amiga de Ike y su padre, que la había acompañado a Nashville desde California aquella noche. En la habitación, entre dos guitarras, una mandolina, un twelve-pack de cerveza Pabst Blue Ribbon y otra jarra de moonshine, tuve el privilegio de asistir a ese tipo de reuniones que son tan difíciles de repetir como de describir. Pronto empezaron a escucharse viejas melodías de Ernest Tubb, Jimmie Rodgers, Bill Monroe o Carl Smith, y Hand incluso interpretó, sentado sobre su cama y acompañado únicamente por su guitarra, algunas de las nuevas composiciones que piensa incluir en su próximo disco para Rounder, que aún no ha comenzado a grabar.

También tuve la oportunidad de comprobar lo que ya suponía tras nuestra breve charla previa al concierto: Hand es una persona sencilla, humilde en extremo, siempre agradecida de todo corazón al público que asiste a sus conciertos y que compra sus discos. La música country es su vida y a ella ha dedicado la mayor parte de su trayectoria vital. Sus canciones son espejo de su personalidad, y esa fragilidad que destilan muchas de sus letras aflora en aquellos momentos en que habla de su pasado o en que recuerda la figura de su padre. Entonces se le encienden los ojos, su mirada queda perdida en el vacío y no hace ningún esfuerzo por contener las lágrimas que ruedan lentamente por sus mejillas. Fueron tres horas inolvidables en aquella pequeña habitación de motel, entre música y recuerdos y emociones y silencios. Tres horas compartidas con un hombre único que representa, con todas sus contradicciones, la esencia de la verdadera música country.

Enlaces

Para más información, ver también:

Página Oficial de James Hand

sábado, 21 de julio de 2007

Bobby Williamson: Sh-Boom (Life Could Be a Dream)


Por Antón García-Fernández, Vigo

El sello germano Bear Family continúa con su excepcional política de ediciones de monográficos dedicados a nombres más bien oscuros de la historia del country. Uno de los últimos CDs que han editado recoge las grabaciones completas que el tejano Bobby Williamson realizó para RCA durante la primera mitad de los años 50. Dichas grabaciones no han visto la luz del día desde su publicación original en single, y muchas de ellas se han convertido con el paso de los años en objetos codiciados por los coleccionistas de country de raíces.

Hubo un tiempo en el que era posible que un cantante country tuviese un éxito de ventas importante a nivel regional sin llegar a convertirse en una gran estrella ni entrar en las listas de Billboard. Durante las décadas de los 40 y 50, de hecho, esto era moneda corriente, y Bobby Williamson es uno de los mejores ejemplos de dicho fenómeno. Para su desgracia, claro está. Tras formar parte brevemente de la banda del también tejano Lefty Frizzell, hacia 1952, Williamson se había convertido ya en uno de los artistas más populares del legendario programa radiofónico Big D Jamboree, emitido desde Dallas pero estructurado de manera similar al Opry nashvilliano. Williamson tenía una voz potente, perfecta para interpretar honky-tonk del bueno, y su éxito en la radio le brindó la oportunidad de firmar un contrato con RCA, una de las discográficas de mayor renombre. A pesar de haber grabado magníficos temas como "The House of Broken Dreams" o "A Little Bit of This (and a Little Bit of That)", que se vendieron de manera aceptable en su estado natal, ninguno de sus singles llegó a tener gran repercusión en el hit parade country nacional. La insistencia del productor Steve Sholes en que grabase temas humorísticos y novelties tampoco ayudó, a pesar de que algunos de ellos ("Just Skip It", "When I’m a Hundred Years Old") se encuentran entre sus piezas más conseguidas.

En uno de los momentos más álgidos de su popularidad en el Big D Jamboree, Williamson abandonó el show y empezó a aparecer en el Saturday Night Shindig, programa que competía con el Jamboree en una emisora rival y donde continuó siendo una de las más grandes atracciones. Sin embargo, su carrera no logró despegar en ningún momento, y hoy en día es recordado sólo por los aficionados más acérrimos debido a dos temas en particular, "Bummin’ Around" y "Sh-Boom (Life Could Be a Dream)". La primera es una muy acertada versión del éxito de T. Texas Tyler que también grabó Smiley Burnette y que se ha convertido en un clásico con el paso de los años. La segunda es una verdadera curiosidad: una revisión country de una pieza doo wop llevada al éxito en 1954 por los Chords y los Crew Cuts, y que en la voz de Williamson mezcla a partes iguales el country y el pop. A pesar de que en un principio no le hizo demasiada gracia grabarla, acabó por ser uno de sus registros más populares.

Una vez más, por tanto, debemos felicitar a Bear Family por la cuidada edición de estos 22 temas que suponen la obra completa de uno de los cantantes más interesantes a la vez que desconocidos de la escena country tejana de los años 50. Las magníficas notas y la profusión de fotografías con que se ilustra hacen de este CD una compra obligada para todo buen fan del country clásico. Además, el elenco de músicos de sesión que acompañan a Bobby Williamson es estelar, e incluye nombres legendarios como Chet Atkins, Jerry Byrd, Jethro Burns, Leon Rhodes (más tarde miembro de los Texas Troubadours de Ernest Tubb), Jimmy Kelly o Paul Buskirk. Country de calidad que es un placer descubrir.

martes, 29 de mayo de 2007

Leyendas anónimas I: Hardy Day

A lo largo de la historia de la música country existen nombres propios que hoy son muy oscuros o que, por alguna razón, han quedado siempre en el anonimato. Con esta serie de breves artículos titulados "Leyendas Anónimas", mi intención en rescatarlos del olvido.


Por Antón García-Fernández, Nashville

Hace exactamente una semana entré en Robert's Western World, uno de los clubes del Broadway nashvilliano que no sólo ofrecen cerveza, hamburguesas y patatas fritas con chile, sino también buena música country en directo. Tocaban los Roadhouse Rangers, grupo liderado por mi amigo Ike Jonson, cuya intención es hacer que los clientes del bar se sientan como si estuviesen entrando en un roadhouse tejano a mediados de los años cuarenta, y la verdad es que lo consiguen con su sabia mezcla de western swing y honky tonk añejos. La banda, con otro buen amigo, Scott Icenogle, al contrabajo, toca todos los martes de 6 de la tarde a 10 de la noche, pero este martes sería diferente, porque entre el público se encontraba Hardy Day, contrabajista de Cowboy Copas (en la foto) hasta el año 1955. Tras charlar durante unos minutos, Hardy accedió a concederme una entrevista para mi programa de radio, y la grabamos al día siguiente en la sala de producción de la emisora.

Hardy Day ronda ya los ochenta años y vive hoy en día entre San Diego y su residencia de verano en Baja California (México). Nació a finales de la década de los veinte en un pueblecito de Tejas, donde comenzó a escuchar country desde una edad muy temprana. En su casa prácticamente no había discos, por lo cual recibió la mayor parte de su educación musical a través de la radio, que en esa época ofrecía regularmente varios programas de música country en vivo. Hardy escogió el contrabajo porque era un instrumento en el que había mucha menos competencia que con la guitarra, y hacia finales de los años cuarenta viajó por primera vez a Nashville en busca de oportunidades en la meca del country. Cowboy Copas, quien por aquellos años estaba disfrutando de gran popularidad gracias a éxitos como "The Tennessee Waltz" o "Signed, Sealed, and Delivered", lo contrató sin necesidad de audición, fiándose de las recomendaciones del gran violinista Dale Potter.

A pesar de su gran habilidad al contrabajo, Hardy jamás grabó con Cowboy Copas, limitándose a ocupar el puesto de contrabajista en la banda que salía de gira con Copas. Ésta era, en realidad, una práctica común a finales de los cuarenta: cada sello solía tener una serie de músicos de sesión que no eran los mismos que viajaban con el artista. Hardy no recuerda las giras como una experiencia divertida e inolvidable, sino que más bien las describe como aburridas y a veces difíciles de sobrellevar. La banda solía tocar una noche en cada ciudad o pueblo durante la semana, regresando a Nashville los sábados para actuar en el Grand Ole Opry, y normalmente viajaban todos en un coche con el contrabajo atado al capó; nada de autobuses y aviones con todas las comodidades. Solían tocar en teatros, en ferias y, a veces, incluso en drive-ins entre película y película. Ni la banda ni el propio Copas ganaban grandes cantidades de dinero. Según Hardy, lo hacían sobre todo por la satisfacción que les daba el hecho de que la audiencia los admirase y les solicitase autógrafos. Eso sí, complementaban su sueldo con la venta de fotografías autografiadas de la banda, discos y libretos con las letras de las canciones.

El mejor recuerdo que Hardy guarda de sus días como músico estará siempre ligado al Opry y al Ryman Auditorium. Según él, tocar en el Ryman era algo especial: el lugar tenía una magia particular y el Opry ofrecía la posibilidad de alternar de una manera informal con todos los grandes del country. Hardy conoció en persona a muchas de las estrellas del género, entre ellas a Hank Williams (pues era buen amigo de Jerry Rivers, violinista de los Drifting Cowboys), a Marty Robbins (a quien recuerda como un artista increíblemente versátil) y a Bob Wills (con quien llegó a tocar en una ocasión durante los años 50). Incluso varias décadas después --y con importantes renovaciones a sus espaldas--, el Ryman sigue desprendiendo un aroma especial debido a la gran cantidad de historia que guarda entre sus paredes.

El cansancio provocado por las constantes giras fue la razón que llevó a Hardy a abandonar la banda de Copas en 1955, prefiriendo tocar en Indianápolis junto a Lattie Moore (otra de las leyendas anónimas de la música country de los 50 y 60), lo cual le permitió llevar una vida mucho más estable. Poco fue el contacto que tuvo con Copas desde entonces hasta la trágica muerte de éste en 1963 en el accidente de avión que nos dejó también sin Patsy Cline, Hawkshaw Hawkins y Randy Hughes. Hardy recuerda haberse enterado de la tragedia por los periódicos, y dice que le afectó tanto que no le fue posible pilotar un avión durante bastante tiempo.

En la actualidad, Hardy Day se halla ya totalmente alejado del mundo de la música, dedicado a la empresa de motores diésel que posee en Jamul (California). Casi no visita Nashville y pasa la mayor parte de su tiempo libre en su casa de Baja California, situada literalmente sobre la arena de una playa paradisíaca. Pero quedan sus recuerdos, que para mí son muy valiosos aunque él, desde su infinita modestia, no sea capaz de comprender por qué.