viernes 10 de julio de 2009

Mel Street: una historia de éxito y tragedia

Repasamos hoy la trágica historia de Mel Street, un excelente cantante country que probó las mieles del éxito pero acabó sucumbiendo a la enorme presión que la popularidad siempre conlleva. Con legendarias grabaciones como “Borrowed Angel”, Mel Street se especializó en las llamadas cheatin’ songs (canciones sobre el tema de la infidelidad matrimonial) y es uno de los artistas country más populares de la década de los setenta.


Por Antón García-Fernández, Nashville

En los años setenta todavía era posible que un cantante completamente desconocido llegase a Nashville, grabase un single acompañado por los mejores músicos de sesión de la ciudad, y que su canción alcanzase el éxito. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Mel Street en 1972 con su tema “Borrowed Angel”, una de las mejores canciones sobre la infidelidad matrimonial de la historia del country. Eso sí, no sucedió de la noche a la mañana, sino que su camino hacia el éxito fue largo y tortuoso. Street no tuvo una vida fácil: con objeto de mantener a su familia, hubo de compaginar su afición a la música con su trabajo como mecánico y electricista, y antes de asentarse definitivamente en Nashville, vivió en lugares como West Virginia, Ohio y Nueva York, ejerciendo su profesión durante el día y cantando en clubes, en la radio y en la televisión en sus ratos libres.

Una de sus emisiones televisivas llamó la atención de Jim Prater, un hombre de negocios con cierta influencia en los círculos musicales de Nashville, y con la ayuda de éste, Street grabó “Borrowed Angel”, una canción que él mismo había compuesto. La pieza, que se coló en el Top 10 en 1972, es un producto de su época, y en ella podemos escuchar ecos del sonido que George Jones estaba desarrollando a principios de los setenta bajo la dirección del productor Billy Sherrill. Es también un ejemplo clásico del tipo de canción preferida por Mel Street, que siempre se caracterizó por tratar el tema de la infidelidad en sus composiciones, una temática ya explorada por Leroy Van Dyke años antes en sus éxitos “Walk On By” e “If a Woman Answers (Hang Up the Phone)” y con la que Moe Bandy también cosecharía buenos resultados en un futuro no muy lejano. Tras la popularidad de “Borrowed Angel”, Street editó “Lovin’ On Back Streets”, tema bastante semejante al anterior, con un estribillo pegadizo y una letra inteligente centrada de nuevo en las relaciones extramatrimoniales.



A pesar de que Street inició su carrera en un pequeño sello independiente con poca distribución, sus grabaciones siempre se vendieron muy bien, y canciones como “Lovin’ on Borrowed Time”, “You Make Me Feel More Like a Man” y “I Met a Friend of Yours Today” alcanzaron posiciones destacadas en las listas a mediados de los setenta. Ésos fueron, sin duda, los mejores momentos de su corta carrera: como Ray Price o el propio George Jones, Street fue un verdadero estilista, con una voz perfecta para el country-pop y una gran capacidad para comprender el significado de las letras de sus canciones e interpretarlas como si de poemas se tratase. En 1978, después de un breve período en Polydor, Street firmó un contrato con Mercury, una de las compañías más importantes del momento. Pero a pesar de su enorme éxito profesional, su vida privada estaba deteriorándose con rapidez: su tendencia a la depresión se acentuó debido a la gran presión a la que estaba sometido, y todo ello le hizo buscar refugio en la botella. El mismo día en que cumplía 45 años, Mel Street se suicidó, poniendo un fin trágico a una carrera que duró poco más de un lustro. George Jones, el artista que más influyó en la música de Street, le rindió homenaje cantando en su funeral.

La carrera de Mel Street fue breve, pero la indiscutible calidad de sus grabaciones realizadas durante los años setenta le aseguran un puesto privilegiado en la historia de la música country. No cabe duda de la influencia que sobre su estilo ejercieron grandes nombres como George Jones o Lefty Frizzell, pero su voz atractiva e inconfundible confiere a sus populares cheatin’ songs un sello muy personal. Por desgracia, si bien existe un libro que describe con detalle su vida y su carrera—escrito por Dennis Schuler y Larry Delp y titulado Mel Street: A Country Legend—, la mayor parte de su discografía continúa inédita en CD, una de las razones por las cuales su legado musical es todavía bastante desconocido para el gran público. Y, sin duda, ése es un vacío que urge llenar.



Enlaces

En YouTube podéis encontrar los siguientes vídeos de Mel Street, todos ellos muy interesantes:

Mel Street - Borrowed Angel
Mel Street - I Met a Friend of Yours Today
Mel Street - If I Had a Cheatin' Heart
Mel Street - The Town Where You Live
Mel Street - Mountain Dew / Salty Dog Blues / Roll in My Sweet Baby's Arms

sábado 27 de junio de 2009

Leyendas country centenarias I: Slim Bryant

Con este artículo sobre Slim Bryant, iniciamos la publicación de una serie de trabajos escritos a dúo con mi buen amigo Andoni Urkiaga y dedicados a leyendas de la música country que se acercan a los cien años de vida o que ya los han sobrepasado. Agradezco a Andoni el haber tenido una idea tan interesante: la mayor parte del artículo ha salido de su pluma, y yo me he limitado a revisarlo y añadir un poco más de información. Espero que Andoni tenga a bien continuar esta serie de textos que nos adentran en las carreras de algunos de los artistas menos conocidos pero más fascinantes de la historia del country.



SLIM BRYANT, EL PIONERO DEL COUNTRY EN PITTSBURGH
Por Andoni Urkiaga y Antón García-Fernández


Navegando por la red me he topado con la historia de Slim Bryant, uno de los artistas country más longevos, y sin duda uno de los más interesantes con esta avanzada edad.

Thomas Hoyt "Slim" Bryant nació el 7 de diciembre de 1908 en Atlanta, Georgia. Tiene, por tanto, el siglo cumplido y a lo largo de su carrera se distinguió como cantante, guitarrista y compositor. Creció escuchando a leyendas como Fiddlin' John Carson y Gid Tanner, y no tardó mucho en decidir que lo suyo era la música. Tras ocho años trabajando para el legendario fiddler de Georgia Clayton McMichen como parte de su banda de western swing, Slim se mudó a Pittsburgh en 1940, donde pronto se convirtió en precursor de la escena country de esa ciudad. Sus apariciones en la radio obtuvieron una enorme popularidad, y en 1949 creó el primer programa de televisión dedicado a la música country en Pittsburgh, un show de variedades en el que siempre aparecían invitados de gran notoriedad.



La curiosidad es que se cree que es el último músico superviviente de los que grabaron con Jimmie Rodgers, nada menos. Jimmie Rodgers murió en 1933, y un año antes de su fallecimiento grabó una canción de Slim titulada "Mother, The Queen of My Heart", con el propio Slim acompañándole a la guitarra. El tema, también registrado por Merle Haggard en su disco de tributo a Rodgers y por Jerry Lee Lewis en los años 70 para Mercury, sigue la tradición de las canciones country con moraleja y cuenta la dramática historia de un joven que, contra los deseos de su difunta madre, pierde todo su dinero jugando a las cartas. Además del importante hito de tocar junto a Jimmie Rodgers, Slim también ha compartido escenario con grandes nombres como Tex Ritter, Gene Autry, Rosemary Clooney y Burl Ives. Para Autry, que grabó su canción "If You'll Let Me Be Your Little Sweetheart", sólo tiene palabras elogiosas: "Era un hombre generoso y maravilloso. Llegué a conocerlo muy bien, y siempre que venía a Pittsburgh comíamos juntos en el centro".

Slim idolatraba al gran guitarrista Eddie Lang y al crooner Nick Lucas, que también tocaba la guitarra, lo cual explica que su música estuviese siempre muy influida por el jazz. Éste es un aspecto que lo distingue como un verdadero pionero que incorporó a sus grabaciones solos de guitarra muy jazzísticos y el ritmo conocido como sock, una forma de tocar la guitarra golpeando las cuerdas, mucho antes de que otros guitarristas country lo hicieran.



Con su grupo los Wildcats, un quinteto de magníficos músicos, escribió y grabó más de doscientas canciones, como "Eeny Meeny Dixie Deeny", lo más cerca que estuvo de tener un éxito en la lista de Billboard. Este tema también fue grabado por la banda de Zeke Manners, y a lo largo de los años muchas de sus composiciones fueron versionadas por otros artistas, en la mayor parte de los casos con mayor éxito comercial que su autor. "Nuestro grupo tocaba siempre a ritmo rápido", recuerda Bryant. "Hacíamos nuestros propios arreglos. En nuestra banda, todos cantaban. Hoy todavía toco mi guitarra Gibson de 1936, pero toco menos debido a la artritis". Algunas de sus canciones de temática western, como "Thunderstorm" o "My Saddle, My Bronco, and You" se han convertido ya en clásicos del country.

Si bien nunca ha alcanzado un número uno a nivel nacional y ni siquiera ha tenido la oportunidad de tocar en el Grand Ole Opry, Slim Bryant es, sin duda, parte de la historia de la música country. No en vano, el gran guitarrista Les Paul creció escuchando su música y fue uno de sus seguidores más acérrimos en su niñez.

A sus cien años, Bryant aún vive en Dormont, Pennsylvania. Bueno, le viene de familia: su madre vivió 104...

Slim Bryant y Merle Haggard, uno de los grandes del country que se vieron influidos por la música de Slim.

Enlaces

No dejéis de leer este magnífico artículo acerca de Slim Bryant titulado Slim Bryant Returning to Country Music with CD y publicado en el diario Pittsburgh Post-Gazette con motivo de la edición de un disco en el que Slim ha regrabado algunos de sus temas clásicos.

lunes 8 de junio de 2009

Border Radio: radio, publicidad y country en la frontera

Os hablo hoy de un libro que llevaba ya varios meses en mi estantería y que por fin he tenido tiempo de leer. Titulado Border Radio, estudia la interesante historia de las potentes emisoras fronterizas que, dirigidas mayoritariamente por empresarios estadounidenses, aparecieron en México a comienzos de los años treinta, y resulta de gran interés para cualquier aficionado a la radiodifusión y a la música country.


Por Antón García-Fernández, Nashville

Hubo un tiempo, en los albores de la radio comercial, allá por finales de los años veinte y principios de los años treinta, en el que la legislación sobre la radiodifusión en Estados Unidos, México y Canadá no estaba tan definida como en nuestros días. Si bien el gobierno estadounidense estaba realizando intentos de controlar el caos de frecuencias radiofónicas entonces imperante a través de diversas leyes y propuestas de ley, el vacío legal era enorme al sur de la frontera. De ahí que varios empresarios estadounidenses, cansados del control gubernamental en su país, decidiesen establecerse al sur del Río Grande, creando emisoras de gran potencia que pudiesen escucharse a lo largo y ancho de los Estados Unidos. En Border Radio (University of Texas Press, 2002), Gene Fowler y Bill Crawford analizan el fenómeno de estos monstruos fronterizos de la comunicación, ahondando en el contexto histórico-político que favoreció su surgimiento, describiendo con detalle su variopinta programación y adornando la obra con anécdotas curiosas acerca de los pintorescos empresarios que dirigían dichas emisoras.


Los Light Crust Doughboys, con Bob Wills, Milton Brown y Herman Arnspiger.

Como acertadamente indica el subtítulo del libro, estas voces pioneras eran mayoritariamente “charlatanes, cantantes de yodel, vendedores y futurólogos” que utilizaban las ondas hertzianas para anunciar todo tipo de tónicos, promociones y servicios médicos que hoy en día se encontrarían dentro de la más absoluta ilegalidad pero que por aquel entonces enriquecieron enormemente a sus artífices. Tal es el caso del Dr. John R. Brinkley, director de un hospital especializado en transplantes de testículos de cabra, operación que supuestamente proporcionaba mayor energía sexual al paciente. O el de Norman Baker, quien aseguraba haber encontrado una cura para el cáncer y que por un módico precio trataba en su hospital a cualquier paciente que se lo solicitase, incluso a varios que no sufrían la enfermedad. Todos ellos aprovechaban la descomunal potencia de estas emisoras fronterizas, que utilizaban frecuencias de hasta 500.000 vatios en un momento en el que las radios más potentes de Estados Unidos emitían a un máximo de diez mil o cincuenta mil. Así, estas emisoras situadas al sur de la frontera llegaban a escucharse no sólo en Estados Unidos y Canadá, sino también en partes de Europa y Asia. Como arguyen Fowler y Crawford, radios como XERA o XET constituyen lo más cercano a internet que existía en la época.


La Carter Family en la época en la que emitía a través de la emisora fronteriza XERA.

El fenómeno de las emisoras fronterizas resulta de enorme interés para el desarrollo de la música country, por cuanto algunos de los mejores cantantes del género en los años treinta, desde la Carter Family a Cowboy Slim Rinehart, llegaron a tener sus propios programas en la frontera, aprovechando las grandes posibilidades que estas radios ofrecían. Una de las personalidades country que más rentabilizaron la capacidad comunicativa de estos gigantes de las ondas fue W. Lee “Pappy” O’Daniel, un empresario dedicado a la harina que pronto descubrió sus dotes para hablar a través de un micrófono. Además de cruzarse con Bob Wills y Milton Brown en los inicios de las carreras de éstos, Pappy fundó un grupo country llamado los Hillbilly Boys, y gracias a la popularidad de sus emisiones ganó las elecciones a la gobernación del estado de Tejas y no tardó mucho en ocupar un escaño en el Senado de los Estados Unidos.


W. Lee "Pappy" O'Daniel, empresario que utilizó las emisoras fronterizas y el country para llegar a ser Gobernador de Tejas y senador de los Estados Unidos.

Border Radio recoge también la historia del gran disc jockey fronterizo Paul Kallinger, “your good neighbor along the way”, quien denegó a Elvis Presley una entrevista en su programa por considerar que su música no era lo suficientemente country. Sin duda, en un momento en el que la radio comercial abrazaba con reservas el country, el papel desempeñado por estas emisoras fronterizas en la popularización del género no debe ser obviado. No en vano, el propio Webb Pierce dijo en una ocasión que la historia del country no habría sido igual sin la presencia de estas border stations. Tras la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de los intentos de los Gobiernos mexicano y estadounidense por legislar de manera más severa para acabar con este tipo de emisoras, las radios fronterizas no desaparecieron, y a principios de los sesenta, figuras legendarias como Wolfman Jack las mantuvieron en el aire. Por cierto, el prefacio de este libro corre a cargo del mismo Wolfman, pero no es uno de los puntos álgidos de la obra.

En suma, Border Radio es un libro verdaderamente recomendable, fruto de un ingente trabajo de investigación muy serio y bien realizado. Pero además, es también un libro de agradable lectura que nos introduce en un mundo pintoresco y muy interesante que sería impensable en estos años de cable y televisión digital. Si tenéis la oportunidad, no dejéis de leerlo.

martes 21 de abril de 2009

Here's Faron Young y Occasional Wife: Faron Young en Mercury

La discográfica británica Hux Records acaba de enviarme su última reedición, que reúne dos discos de la etapa en que Faron Young grababa para Mercury, Here's Faron Young y Occasional Wife. Aprovecho para reseñarlos y reflexionar un poco sobre estos años menos conocidos de la carrera del de Louisiana.


Por Antón García-Fernández, Nashville

Siempre le he tenido un cariño especial a Faron Young, pues fue el primer cantante genuinamente country que escuché en mi vida, ya hace bastantes años. Pero más allá de lo puramente sentimental, no me cabe la menor duda de que Young es uno de los mejores cantantes de la historia del country, una figura activa en la escena musical de Nashville no sólo como intérprete y compositor, sino también como empresario, fundador de Music City News, una de las publicaciones más importantes entre las muchas que se han dedicado a difundir el género. Apodado “The Singin’ Sheriff” por su afición a las armas y a coleccionar insignias policiales, Young pronto se convirtió en una de las más fulgurantes estrellas del Louisiana Hayride de su Shreveport natal, lo cual acabaría por granjearle un contrato con Capitol. Con éxitos como “Live Fast, Love Hard, Die Young”, “If You Ain’t Lovin’ (You Ain’t Livin’)” o “Sweet Dreams”, su presencia en las listas fue constante durante los años 50, una época en la que llegó a flirtear ocasionalmente con el rockabilly con temas como “Alone with You”. Todas estas sesiones para Capitol están disponibles en The Classic Years, una magnífica y muy cuidada caja de Bear Family.

En 1963, Young dejó Capitol por Mercury y, a pesar de la gran calidad de sus grabaciones, esta etapa es, sin duda, la menos conocida de su carrera. Y eso que el éxito nunca le abandonó, con maravillas como “Unmitigated Gall”, “Walk Tall” o “Wine Me Up” y algún que otro tema compuesto por Willie Nelson o Kris Kristofferson. De ahí el valor de esta reedición del sello británico Hux Records, que reúne en un solo CD dos excelentes LPs originales que Young grabó para Mercury, Here’s Faron Young (1968) y Occasional Wife (1970). Ambos discos reflejan a un artista en la cima de su carrera, con grandes canciones (si bien algunas bastante desconocidas) y esa voz trémula irresistible que le caracterizaba. Pero vayamos por partes.



Here’s Faron Young se editó en 1968, meses antes de la aparición de su gran éxito “Wine Me Up”. Dos de los temas del álbum, “She Went a Little Bit Farther” y “I Just Came to Get My Baby”, entraron en listas, y ambos son ejemplos perfectos de lo que Young estaba produciendo en esos momentos: un country agradable y suave con toques de pop aquí y allá, pero sin olvidar nunca sus raíces honky tonk y enfatizando siempre el sonido de la steel guitar y el violín. Este disco incluye algunas joyas ya olvidadas, lo que se solía denominar por aquel entonces album tracks, es decir, canciones que no estaban destinadas a ser editadas en single pero que no por ello eran necesariamente temas de menor calidad. En esta categoría se encuentran “Here’s to the Girls”, un alegre tema honky tonk escrito por Carl Belew; la balada “Missing You Was All I Did Today” y la excelente “If You Ever Walk My Way Again”.

Occasional Wife salió a la venta en 1970, y de nuevo, dos de sus canciones alcanzaron el éxito. El tema que da título al disco, marcado por un enérgico violín, nos presenta a Faron exigiéndole a su esposa que cumpla con la parte que le toca en la relación, pues como dice la letra, “una casa no puede mantenerse cuando se tiene una esposa ocasional”. Compuesta por Tom T. Hall, “If I Ever Fall in Love (with a Honky Tonk Girl)” es una alegre melodía puramente honky tonk que llegó al número 4 de las listas en 1970. Este álbum esconde algunas rarezas de notable interés, como el tema fronterizo “The Guns of Johnny Rondo” (pensada para la banda sonora de la serie del Oeste The High Chaparral) y “Alabama Rose” y “Everybody’s Got Problems”, dos album tracks que quizá habrían merecido mejor suerte. En Occasional Wife empezamos a ver ya signos de que los tiempos están cambiando, y por momentos el sonido de Young se acerca a lo que ya se estaba empezando a conocer con la etiqueta de countrypolitan, perfectamente ejemplificado en la carrera como crooner de Ray Price y en algunos de los singles que el propio Faron grabaría en los 70.



Por supuesto, las sesiones para ambos LPs tuvieron lugar en Nashville y en ellas se dio cita la flor y nata de los instrumentistas de la Music City, capitaneados por Jerry Kennedy, Harold Bradley, Ray Edenton, Lloyd Green, Pete Drake, Bob Moore, Hargus “Pig” Robbins, Buddy Spicher, Johnny Gimble y los siempre presentes Jordanaires. La reedición a cargo de Hux Records está verdaderamente cuidada, con un libreto ilustrado con algunas fotografías, notas interesantes e incluso (y esto no es tan común) las letras de todas las canciones. Esperemos que Hux tenga a bien ir reeditando los demás discos que el sheriff cantante grabó para Mercury, o quizá que alguna otra compañía se decida por fin a publicar una caja que contenga todas sus grabaciones de los 60 y 70. Mientras tanto, disfrutemos con este excepcional CD.

jueves 26 de febrero de 2009

Fallece Buck Griffin, 1923-2009

Me he enterado del fallecimiento de Buck Griffin, acaecido el pasado 14 de febrero en Oklahoma. Aprovecho para repasar aquí la breve carrera de uno de los honky tonkers más oscuros de la década de los cincuenta.


Por Antón García-Fernández, Nashville

La historia de Albert Clayton “Buck” Griffin es la de un artista que lo tenía todo para triunfar pero que se quedó a medio camino y acabó relegado a la oscuridad. Fuertemente influido por Hank Williams y Red Foley en sus primeros años, Griffin también flirteó con el rockabilly a mediados de los cincuenta e incluso con el pop a principios de los sesenta. No sólo poseía una voz enérgica y puramente country, sino que además compuso una respetable cantidad de canciones de gran calidad que, sin embargo, nunca recibieron el aplauso del gran público. Como resultado, Griffin no logró trascender las fronteras del éxito regional y solamente gozó de popularidad en Oklahoma, Kansas y en su estado natal de Tejas.

Nacido en Corsicana en 1923, su padre murió cuando él solamente tenía siete años. Griffin pasó su juventud entre los estados de Kansas y Oklahoma, y siendo todavía un adolescente, hubo de dejar sus estudios y comenzar a trabajar en los pozos petrolíferos de Oklahoma. La música y los honky tonks pronto atrajeron su atención, lo que le llevó a formar una banda junto a unos cuantos amigos. Tras su matrimonio con Mildred Sanders a los dieciocho años, Griffin consiguió un programa radiofónico propio en la emisora WKY de Oklahoma City, ciudad en la que la pareja decidió asentarse en 1950. Allí, Griffin tuvo ocasión de conocer a Hank Williams y a Bob Wills, dos de sus mayores ídolos, y esto lo animó todavía más a tomarse en serio la posibilidad de una carrera en el country.



El empresario Joe M. Leonard, dueño de los sellos Lin y Kliff, le proporcionó su primera oportunidad, ofreciéndole un contrato de grabación en 1954. Casi todos los temas que Griffin grabó para Lin—compuestos por él mismo en su mayor parte y algunos de ellos grabados en el legendario estudio de Jim Beck en Dallas—son excepcionales ejemplos de honky tonk y hillbilly del bueno. Sin embargo, ninguno de ellos acaparó la atención del público, a pesar de la gran calidad de piezas como “Meadowlark Boogie”, “It Don’t Make No Never Mind”, “Rollin’ Tears”, o “One Day After Payday” (con Sonny James al violín). Allá por 1956, cuando el rockabilly se puso de moda, Griffin demostró que su voz por veces ruda y llena de crudeza se adecuaba perfectamente al nuevo estilo. Pero ninguna de las grabaciones que realizó entonces para MGM, ni “Stutterin’ Papa”, ni “Jessie Lee”, ni “You’ll Never Come Back”, un magnífico country blues, entraron en listas, y la versión de “Let’s Elope Baby” grabada por Janis Martin tuvo más éxito que el original de Griffin.

Así pues, y pese a sus continuas apariciones en el legendario programa de radio Big D Jamboree en Dallas, Griffin no regresaría al estudio hasta principios de los sesenta, cuando realizó varias sesiones para sellos como Metro o Holiday Inn, este último propiedad de Sam Phillips, por entonces uno de los accionistas principales de la cadena hotelera homónima. Una vez más, ninguno de estos singles tuvo la menor repercusión, a pesar de tratarse de temas interesantes como “Pretty Lou” o “Girl in 1209”. El fracaso de estas grabaciones supuso prácticamente el final de la carrera discográfica de Griffin, que decidió dedicarse a la venta de Biblias. Sin embargo, Griffin nunca abandonó la música: siguió tocando en vivo e incluso creó su propio sello, Rotary, para el que registró algunos temas ocasionalmente.



Su muerte el pasado 14 de febrero pone fin a la historia de un hombre de gran talento condenado a la oscuridad. De hecho, tal es el olvido en el que se hallaba sumido que prácticamente ningún medio se ha hecho eco de su fallecimiento, que únicamente mereció una breve nota en el periódico local de Oklahoma City. Sin embargo, la calidad de un intérprete no debe medirse solamente por el éxito de su obra, y en mi opinión, el legado discográfico de Buck Griffin no debe ser olvidado. La casa alemana Bear Family parece estar de acuerdo, pues hace unos años editó Let’s Elope Baby, una muy completa antología de sus mejores grabaciones de los cincuenta y sesenta. Es un tributo merecido a un honky tonker hoy injustamente olvidado.

martes 24 de febrero de 2009

Billy Walker: Rememorando al Tall Texan

Recupero hoy un artículo que escribí para la página web de la CMA-Spain en mayo de 2006, tras el trágico accidente de tráfico que acabó con la vida de Billy Walker, su mujer y dos miembros de su banda. En él recuerdo su vida y obra, así como la entrevista que tuve la oportunidad de hacerle en marzo de 2005 en Music City USA, el programa radiofónico de country que presento en Nashville. Presento el artículo aquí en una versión ligeramente reducida y profundamente revisada.


Por Antón Garcia-Fernández, Nashville

Billy Walker ha sido siempre uno de mis mayores ídolos. Cuando tenía trece años y apenas acababa de descubrir el country a través de Elvis Presley, Jim Reeves, Johnny Cash, Hank Williams y Faron Young, escuché "Cross the Brazos at Waco" y "Charlie's Shoes" y a partir de entonces, intenté conseguir todos los discos suyos que pude encontrar, algo que jamás ha sido demasiado fácil en España. Su voz suave y entrañable me acariciaba durante las largas noches en que me encerraba en mi cuarto para escicharlo cantar todos sus clásicos: "Funny How Time Slips Away" (él fue el primero en grabar esta obra maestra de Willie Nelson), "Bear with Me a Little Longer" (que compuso para su primera mujer cuando su matrimonio ya no funcionaba) o "Circumstances". En esos momentos, poco sabía yo de su vida o de la época en la que compartió escenario con Elvis o Hank Snow, pero en sus canciones escuchaba historias emocionantes de dolor y felicidad, y me parecía que Billy me estaba hablando directamente a mí cuando cantaba aquello de "I'd like to be in Charlie's shoes...". Tampoco podía imaginar que un día iba a conocerlo en persona, y mucho menos que iba a tener la oportunidad de entrevistarlo en mi programa radiofónico country aquí en Nashville.

Eso ocurrió en marzo de 2005: encontré su número de teléfono en su página web y decidí llamarlo, con pocas esperanzas de poder hablar con él. Contestó mi llamada su mujer, Bettie, que desde hacía tiempo actuaba como su mánager. Poco después, pude hablar con Billy, comprobando la gran accesibilidad de la mayor parte de las leyendas del country. Prometió venir al estudio para una entrevista que en principio iba a durar solamente una hora pero que acabó extendiéndose durante más de tres. Billy Walker me hizo pasar uno de los mejores momentos de mi vida, compartiendo conmigo y con la audiencia multitud de recuerdos sobre su larga carrera e incluso interpretando dos temas acompañado únicamente a la guitarra: "He'll Have to Go", el éxito de Jim Reeves, y el himno religioso "Just a Closer Walk with Thee".



A lo largo de esa entrevista conversamos acerca de innumerables temas, tanto cuando el micrófono estaba abierto como cuando estaba cerrado: su vida, su carrera, los artistas con quienes había trabajado, su música, la religión y el country en general. A medida que la entrevista avanzaba, Billy tuvo la oportunidad de relajarse y reflexionar sobre todos esos años dedicados a la música country. Sin duda, Billy se sentiría profundamente identificado con la letra de un oscuro tema de Mitchell Torok en el que afirma que ha entregado su vida al country,, "Country Music I Gave You My Life". Lejos quedaban ya aquellos primeros tiempos, cuando Billy no tenía más de trece años (nació en Ralls, Tejas, el 14 de enero de 1929) y quedó prendado de la figura y de la música de Gene Autry al ver una de sus películas. La entrada le costó solamente diez céntimos, pero esta experiencia marcaría su vida y lo impulsaría a dedicarse a la música tras dejar el instituto unos años más tarde.

Como suele ocurrir con otras futuras estrellas del country, Billy tuvo que costearse su primera guitarra, y lo hizo desplumando pollos en la granja de su tío. En 1949, empezó a tocar en programas de radio en Tejas, utilizando el extraño apodo de "The Traveling Texan, the Masked Singer of Country Songs", es decir, "El tejano viajero, cantante enmascarado de canciones country". Y, en efecto, para llamar la atención del público, salía al escenario luciendo un antifaz que le cubría los ojos. Sus primeras grabaciones para Capitol no tuvieron demasiado éxito, por lo que su contrato no fue renovado en 1951. Sin embargo, durante la década de los cincuenta, Billy iría haciéndose un nombre dentro de la escena country, especialmente a través de sus apariciones en el Louisiana Hayride, rival radiofónico del Grand Ole Opry nashvilliano que se emitía desde Shreveport, Louisiana, en el que compartió cartel con grandes nombres que entonces todavía estaban comenzando, como Faron Young, Jim Reeves, Webb Pierce y Elvis Presley. No en vano, el Hayride se anunciaba como "La cuna de las estrellas" ("The Cradle of the Stars"), dando oportunidades a nuevos talentos a la vez que presentaba a artistas cuya fama ya estaba más consolidada, como Hank Williams o Hank Thompson.



En estos años firmó un contrato de grabación con Columbia y sus primeros éxitos—temas honky tonk como "Thank You for Calling" y "The Storm within My Heart"—comenzaron a aparecer en las listas, lo cual le aseguró actuaciones en el Ozark Jubilee, programa presentado por Red Foley en Springfield, Missouri. Cuando en 1960 se convirtió en miembro del Opry en Nashville, dio comienzo a una década fructífera en éxitos y apariciones televisivas. Los primeros años sesenta supusieron una época de profundas alteraciones en el country propiciadas por la amenaza que el rock y el pop suponía para las ventas y para la pervivencia del género. Billy fue uno de los muchos cantantes country que abrazaron el Nashville Sound, gente como Eddy Arnold, Jim Reeves, George Morgan, Patsy Cline o Roy Drusky. Se trataba de dulcificar el country, de acercarlo al pop para adecuarlo a los gustos de una amplia sección del mercado que no aceptaba la rudeza del honky tonk. Y Billy estaba dotado de una voz perfecta para este híbrido de country y pop.

Sobre ello reflexionó en la entrevista que le hice: había que ampliar el público potencial del country, dijo, convertirse en un cantante country que pudiese actuar en el Hollywood Bowl. Y entonces Billy modificó su estilo, siguiendo, quizá sin ser consciente de ello, el ejemplo de su ídolo Gene Autry, quien ya en los años cuarenta había grabado temas muy cercanos al pop. Llegaron así éxitos como "Charlie's Shoes" (número uno en 1962), "Circumstances" (1964), "A Million and One" (número dos en 1966) y "Bear with Me a Little Longer" (1966). En "Cross the Brazos at Waco", clásico entre clásicos compuesto por su mánager, el Coronel Buster Doss (el título militar, como suele ocurrir, era únicamente honorífico). En este tema, que alcanzó el número tres en 1964, Billy demostró que su voz también se adecuaba a las baladas de estilo fronterizo que a finales de los cincuenta había empezado a popularizar Marty Robbins. "From the Bottle to the Bottom" (que llegó al Top 20 en 1968) es otra grabación notable de esta época, una espléndida canción escrita por Kris Kristofferson. Billy se conviertió, así, en uno de los primeros artistas en grabar un tema compuesto por Kristofferson, que en estos momentos estaba intentando hacerse un nombre como compositor.



La presencia de Billy Walker en la televisión fue constante a lo largo de las décadas de los sesenta y setenta. Apariciones en el Jimmy Dean Show o en el Tonight Show de Johnny Carson, entre muchos otros, ayudaron a consolidar su éxito y su fama. Billy pronto comprendió el potencial que poseía el medio televisivo para la difusión del country, en un momento en el que muchas de las grandes estrellas del género (Porter Wagoner, Johnny Cash, Glen Campbell) presentaban su propio programa de televisión cada semana. Billy incluso tuvo tiempo para aparecer en un par de westerns de serie B hoy completamente (y con justicia, todo sea dicho) olvidados, Second Fiddle to a Steel Guitar y Red River Roundup.

Durante los años ochenta, además de abrazar la fe religiosa y la música gospel, Billy continuó grabando discos, si bien ya con mucha menor repercusión, y se concentró en sus conciertos, en sus apariciones en el Opry y en la composición de nuevos temas. Una de sus viejas grabaciones para Columbia, "Down to My Last Cigarette", pieza escrita junto al gran Harlan Howard, sería llevada al éxito por K.D. Lang en 1988. Poco antes de su trágico fallecimiento en mayo de 2006, Billy Walker seguía en espléndida forma: sus actuaciones en el Grand Ole Opry y en el Midnite Jamboree continuaban emocionando al público, pues su voz todavía era capaz de transmitir el mismo sentimiento de siempre y no se había resentido en absoluto con el paso de los años. De hecho, el Tall Texan acababa de editar un nuevo disco en el que rendía tributo a Jimmie Rodgers, Tribute to Jimmie Rodgers, the Father of Country Music (Gusto Records, 2005): diez canciones del Singing Brakeman cantadas como debe ser, con acompañamiento totalmente acústico. En este último CD de su larga discografía, Billy decidió mezclar piezas clásicas del repertorio de Rodgers ("In the Jailhouse Now, "T for Texas", "Waiting for a Train") con otras menos conocidas que no suelen aparecer en este tipo de proyectos ("Away out on the Mountain", "Mother the Queen of My Heart"). Un disco producido con clase que demuestra una vez más la gran riqueza musical de la obra que nos ha legado el guardavías de Meridian, Mississippi.



Tuve la oportunidad de asistir al funeral de Billy Walker, celebrado en la Cornerstone Church de Madison, Tennessee. Mientras los ataúdes de Billy y de su mujer Bettie eran escoltados al exterior del templo entre la solemnidad de las notas de "Amazing Grace", se me hizo difícil y doloroso asimilar que ya nunca más iba a poder charlar con él y que su voz ya no se escucharía en el Opry cada sábado por la noche. Quedan sus discos, eso sí, su extensa obra que todavía no se puede adquirir en CD en su totalidad. Y a mí me queda también el agradable recuerdo de un hombre que, como alguien dijo una vez, era "not only a gentleman, but also a gentle man".

jueves 19 de febrero de 2009

Human Condition: Gary Bennett rompe al fin su silencio

En esta ocasión, recupero aquí un artículo que escribí en agosto de 2006 para la página web de la CMA-Spain. Se trata de una crítica de Human Condition (Landslide Records, 2006), el primer disco en solitario de Gary Bennett, uno de los miembros originales de BR549. Es una obra madura y agradable en la que Bennett mezcla un sonido country fresco y actual con el rockabilly y el honky tonk más puros. Lo publico ahora para anunciar también que, tras un par de años sin prodigarse por los escenarios de Nashville, Gary Bennett ha iniciado una serie de conciertos en el Full Moon Saloon junto a su sobrino, el también cantautor country Jason Capps.


Por Antón García-Fernández, Nashville

Todo ocurrió de manera súbita a mediados de los años noventa en el centro histórico de Nashville. Era un momento en el que clubes legendarios del Lower Broadway como Tootsie's o Robert's Western World estaban de capa caída: lo que unas cuantas décadas atrás había sido un distrito en plena ebullición creativa country se había convertido en unos años en poco menos que territorio baldío. El cierre del Ryman Auditorium, por supuesto, había contribuido al alejamiento de los miles de turistas que semanalmente se daban cita en los alrededores de Broadway para asistir al Grand Ole Opry, y así, la zona había quedado prácticamente desierta. Aunque la situación del Lower Broadway y del country tradicional era entonces muy poco esperanzadora, Gary Bennett—nacido en 1964 en Las Vegas—fue presa de una repentina intuición nada más llegar a Nashville allá por 1993: "La escena [de los honky tonks del centro de la ciudad] estaba acabada, pero me pareció que todavía había una posibilidad de que algo ocurriese allí". Y lo que ocurrió fue BR549, una banda que en poco tiempo pasó de tocar en Robert's por propinas a aparecer en la portada de la revista Billboard, todo ello sin contar todavía con un contrato de grabación.

BR549 fue producto de la unión artística de Bennett y Chuck Mead, dos músicos que se entendían a la perfección y que conocían en profundidad la tradición del honky tonk y el rockabilly, además de poseer una impresionante habilidad para componer temas propios que sonaban como si tuviesen cuarenta o cincuenta años. En un momento en el que el country clásico ya casi no tenía cabida en la programación de las emisoras country de Nashville, los cinco discos que BR549 editaron mientras Bennett formó parte de la banda supusieron un innegable soplo de aire fresco para el country de raíces. La popularidad del grupo creció con enorme celeridad, y de hecho, el gran cartel que se encuentra a la entrada del Robert's Western World todavía recuerda a turistas y clientes que el club fue el lugar en el que nacieron BR549.



En 1996, la revista Rolling Stone nombró a la banda mejor grupo country del año, lo cual les granjeó largas giras, ventas nada despreciables y la oportunidad de compartir cartel con artistas de la talla de Bob Dylan, George Jones o Merle Haggard. Pero varios años de trabajo a un ritmo desenfrenado, junto con el sambenito retro que los medios acabaron por colgar al conjunto, agotaron a Bennett, que empezó a sentir coartada su libertad creativa. Así pues, en 2002 decidió abandonar BR549, retirándose momentáneamente del mundo de la música. Cuatro años han pasado desde entonces, y por fin Gary Bennett ha roto su silencio creativo, regalándonos Human Condition, un sólido disco en solitario en el que no se limita a reproducir el sonido de BR549, sino que trata de ir más allá, compaginando lo clásico con lo actual.

En Human Condition, Bennett demuestra su gran talento como compositor: de las doce canciones incluidas en el disco, sólo tres no son de su autoría. Una de ellas, "Better Than This", la compuso junto a Todd Snider, y para escribir la letra se inspiró en su propia infancia, que discurrió en su mayor parte entre las montañas del estado de Washington: "Cuando empecé a escribir la letra [de "Better Than This"] me acordé del pueblecito de Washington en el que crecí, que estaba al pie de una montaña. Por la noche se adivinaba el resplandor de muchas luces en la distancia, lo cual era en realidad la ciudad de Portland, Oregón. Todd vivía en Portland en esa época, así que podía identificarse con lo que yo estaba viendo". El disco está lleno de buenas canciones, como "Human Condition", "Things That Mean a Lot to Me", "Steel Ball", "Ship in a Bottle" o "What Turned Out to Be", algunas de ellas marcadas por un tempo suave y agradable con el que Bennett se distancia de la desbordada energía de los tiempos de BR549. Curiosamente, el tema más marcadamente hillbilly, "That's What I'm Here For", y el que, por tanto, más recuerda al sonido clásico de BR549, es uno de los pocos que no ha escrito Bennett.



Uno de los atractivos añadidos del disco es la banda que acompaña a Bennett, en la que se dan cita algunos de los mejores músicos de Nashville, como Kenny Vaughan (guitarra), Mark Winchester (bajo) o Jimmy Lester (batería). La mayor sorpresa la constituye la presencia del gran steel Lloyd Green, conocido por su magnífico trabajo junto a Johnny Paycheck en los años sesenta, cuando ambos grababan para el sello Little Darlin', así como por sus imaginativos álbumes instrumentales. En Human Condition demuestra que continúa en muy buena forma. Marty Stuart también acompaña a Bennett a la mandolina en algunas de las canciones, embelleciendo con su presencia el sonido de una banda excelente y de un disco de gran calidad.